Micropodcast Una Idea #12 – De Cara a las Elecciones

A una semana de las elecciones, esta es mi apreciación de la situación.

A pesar de haber 8 candidatos, cada uno con sus virtudes y defectos como naturalmente ocurre en todos nosotros, esta es una elección binaria.

Mi voto para presidente será en la Casilla 9, para el candidato Ricardo Lombana. Creo que es el que más posibilidades tiene de sumar la cantidad de votos necesarios para contrarrestar el riesgo que representa el lado oscuro y su avatar. Adicionalmente, considero que apoyaré con preferencia a los candidatos de Otro Camino, o de los independientes de Vamos para los diversos puestos. En la asamblea, los partidos tradicionales se han alejado cada vez más del rol de razonar y debatir. Esa postura ha sido un catalizador para la debacle política que vivimos.

Encaro esta elección con profundo pesar por el lamentable estado actual de nuestro país. Hago el correspondiente mea-culpa, porque solo entendiendo que jugamos un rol en el resultado podemos verdaderamente ser parte de soluciones a futuro. Mantengo abierta la puerta a la posibilidad de estar equivocado tanto en mis razonamientos como en mis conclusiones. Ojalá la situación no fuese tan grave. Ojalá no estuviese tanto en juego. Ojalá nuestras posibilidades de rescatar y preservar la institucionalidad democrática no fuesen tan remotas.

Mi voto es solo uno y comparto esta reflexión no tanto con el ánimo de convencer, sino de que cada quién razone sobre el tema.

Habiendo leído y escuchado lo sobresaliente de las distintas propuestas, sintonizado los obligatorios debates, y analizado las persuasivas y persistentes cuñas, para mi pesar, esta no es una elección en la cual el factor determinante sea la calidad y la viabilidad de los planes de gobierno. Con lo mucho que necesitamos recuperar la economía, aumentar la productividad y desarrollar el capital humano de nuestro querido Panamá, lamentablemente el daño institucional que hemos causado a lo largo de los últimos tres gobiernos (en particular), nos ha dejado en una situación en la que todo eso puede tomar un rol secundario frente al potencial abismo que nos aguarda.

En un lado está una propuesta cuya motivación medular es salvar el pellejo de un expresidente y su equipo de colaboradores quienes, en conjunto, aglutinan al mayor número de exfuncionarios de una sola administración en ser señalados e incluso condenados por diversos delitos vinculados a corrupción. En una década, tras haber salido del poder, este ciudadano ha empleado de manera sostenida a un extenso equipo de abogados cuyas herramientas de defensa han sido:

-Criticar el sistema judicial, la institucionalidad, los gremios empresariales, y las organizaciones políticas tanto aquí, como en el extranjero, en detrimento de la imagen de su país. Imagen que juró defender y exaltar, y cuya obligación como presidente era dejar fortalecida.
-Dilatar cada proceso con cuanto recurso han podido invocar incluyendo obvios abusos de incapacidades médicas, y apelaciones que desafían los límites no solo del sistema judicial, sino de la imaginación. 
-Demandar a periodistas, jueces, fiscales y todo aquel que haya osado adversarlos o criticarlos.
-Utilizar cada posible fuero como resguardo de procesos penales.
-Recurrir al asilo político como herramienta de evasión de la justicia frente a una condena en firme, y cuya conducta abusiva desde la sede diplomática ha puesto a prueba incluso la relación entre ambas naciones.

La candidatura ha sido presentada como una candidatura por proxy en la cual el candidato que corre es, siendo fieles a su propio eslogan de campaña, un avatar del exilado. Hábilmente han logrado apelar a las necesidades básicas de un pueblo que, sin las herramientas de fondo para analizar las ramificaciones de lo que está en juego, añora el espejismo de bonanzas pasadas con ansias de revivirlas.

En el otro lado de la balanza está una propuesta que viene haciendo su segunda órbita a la cancha electoral. Nacida en el torneo pasado como candidatura por la libre postulación, logró un importante tercer lugar con 18.78% y fortalecida esta vez con estructura partidaria, ha podido consolidar más talento y generar mayor fuerza de gravedad. Examino entre sus adeptos y asesores a gente decente, cuyo deseo de mejorar el país me parece genuino. Panameños capaces, con conocimiento y experiencia en diversas áreas relevantes a los problemas del país, y con reputaciones que mantener y defender.

Reitero, sé que ni en ese grupo, ni en ninguno otro, encontraré seres humanos perfectos, ni infalibles, ni propuestas exentas de crítica. De hecho, he sido crítico, y lo seguiré siendo cada vez que alguna iniciativa presentada me cause alarma o preocupación.

En pasadas elecciones a presidente, me vi obligado a escoger al que percibía como “el menos malo” con el vago consuelo de que, aun cuando fuese otro quien quedase a cargo del país, el resultado no sería fatal. En esta ocasión, lo que está en juego es mucho mayor. Dentro de las debilidades de la democracia, la más grave es que su preservación depende de la buena fe tanto de los ciudadanos como de autoridades. Es completamente posible utilizar los mecanismos democráticos para acceder al poder y una vez ahí cercenar derechos fundamentales, ya sea de manera explícita o implícita. Me temo que el grupo de los forajidos, teniendo en sus curriculums la experiencia de las consecuencias de sus fechorías, organizará el sistema para permanecer en el poder y administrará una justicia hecha de sastre, valga el juego de palabras, con el fin de inmunizarse. A la vez, no me cabe duda que su acción contra todo aquel que los adverse será rápida y contundente. Después de todo, ya vivimos cinco años bajo la persecución que entablaron desde la DGI y otras entidades, aún sin tener sobre sus cabezas la preocupación de potenciales condenas. Este panorama tenemos que evitarlo a toda costa.

¿Puede uno apoyar a un candidato y a la vez ponderar positivamente la opinión o la iniciativa de otro candidato o político de oposición? Por supuesto que sí. El principal compromiso del ciudadano es con el país, no con ninguna persona en particular.

En medio tenemos a un grupo de candidatos que todos presentan algunas bondades y cargan algunos lastres. Queda en cada quién decidir como ponderar el balance de estos. Mi ilusión como panameño es que aquellos a quienes admiro, y que forman parte de otras plataformas, encuentren el camino para aportar al desarrollo de un país encarrilado a un proceso de mejora continua, especialmente en cuanto al respeto a la ley y a la ética.

¿El hecho de apoyar una candidatura impide o limita la capacidad para criticar posturas o iniciativas del candidato? Negativo. El deber ciudadano incluye estar atento, evaluar, criticar, y proponer. Ese derecho no se pierde ni se soslaya por el hecho de apoyar una candidatura. ¿Constituye este razonamiento un cheque en blanco a favor del candidato que apoyaré?
En lo absoluto. El concepto de cheque en blanco no existe en la administración pública, y mucho menos en momentos críticos como este, que demandan una conducta impecable de quien administre el Estado. Integridad debe ser el boleto para entrar al ruedo. Demandar transparencia y rendición de cuentas debe ser una acción cotidiana.

El derecho a opinar no se pierde. El derecho a objetar, o a quejarse no se pierde. Afortunadamente, hasta ahora, hemos podido criticar y objetar aquello que nos parece no conducente a un mejor país. Este derecho no debemos darlo por sentado. En nuestras manos está el seguir defendiéndolo.

Juan Amado

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