1. La naturaleza es hostil. Las fuerzas de la naturaleza no actúan con relación al bienestar del ser humano. Mediante nuestra inteligencia y trabajo, logramos adaptar nuestro entorno para sobrevivir y prosperar. Aun en un país tropical como Panamá, donde la temperatura generalmente es cálida y se puede obtener alimento de árboles que crecen silvestres, si uno permanece a la intemperie puede morir en poco tiempo.
2. Los sismos se dan periódicamente en todo el globo terráqueo debido al constante movimiento de las placas tectónicas. Este movimiento es lento pero constante. En cada período de 24 horas se dan 40 o más temblores de 2.5 o más en la escala de Richter. La mayoría de estos movimientos se dan en zonas no pobladas. Esos no nos afectan. Sin embargo un país como México, que está situado sobre el límite de convergencia de dos placas tectónicas (Cocos y América del Norte) ha sufrido 32 sismos de intensidad igual o mayor a 7 en los últimos 100 años. Esto es un promedio de 1 sismo de 7.0 o más cada 3 años.
3. Los huracanes se dan periódicamente en el océano Atlántico todos los años entre los meses de junio a noviembre. Algunos siguen rutas que no entran en contacto con zonas pobladas y pasan relativamente desapercibidos excepto para quienes los estudian. Otros llegan a ciudades costeras y causan estragos.
4. En temblores, los heridos y muertos ocurren generalmente por colapso de edificaciones. Esto se evita con mejores diseños, materiales y técnicas constructivas. A pesar que los sismos no se pueden pronosticar con exactitud, existen sistemas de alarma temprana. En el caso del reciente sismo en México, el sistema avisó unos 20 segundo antes que se sintieran los efectos. Esos 20 segundos son preciados para que la gente pueda evacuar edificios hacia sitios seguros.
5. En huracanes, los heridos y muertos ocurren por los efectos destructivos del viento sobre edificaciones, y por inmersión en el caso de inundaciones. A diferencia de los temblores, los huracanes siguen patrones predecibles y usualmente se conoce su ruta aproximada con semanas de antelación. Esto significa que todo el mundo tiene tiempo de sobra para evacuar y ponerse a salvo. Luego, las perdidas humanas que se dan en huracanes obedecen a falta de conocimiento, falta de recursos para poder tomar acción, o negligencia.
6. Es posible construir edificaciones a prueba de ráfagas de viento de cientos de kilómetros por hora, y también a prueba de inundaciones. La razón que este tipo de edificaciones no es común es puramente económica.
7. En cuanto a el efecto del ser humano en relación con los fenómenos atmosféricos es importante destacar lo siguiente: Si bien es cierto que un porcentaje muy alto (arriba del 95%) de los científicos que estudian la atmósfera y el clima están de acuerdo en que la actividad humana es en gran parte responsable de cambios acelerados en los patrones climáticos, no podemos concluir que una tormenta en particular es la manifestación de este efecto. El cambio climático se evidencia en la magnificación de fenómenos atmosféricos, tanto en frecuencia, como en intensidad. Adicional a esto, el hecho que cada vez haya más zonas pobladas aumenta la posibilidad que fenómenos atmosféricos afecten adversamente a la población.
8. Los sismos no son fenómenos atmosféricos y no guardan relación alguna con el cambio climático. La actividad humana no tiene forma de afectar estos mecanismos. He escuchado comentarios que aducen que la minería es responsable de los movimientos telúricos. Esto es falso. Los sismos ocurren por movimiento de las placas tectónicas, muchos de ellos a cientos de kilómetros de profundidad. La mina más profunda hecha por el hombre tiene una profundidad máxima de 3.9km. Simplemente no hay forma que una actividad afecte o guarde relación con la otra.
9. Un constante problema que enfrentamos y que mencioné en el punto No. 1, es cómo hacer que nuestro entorno sea lo más seguro posible a la vez que los procesos liberadores de energía que ocurren naturalmente se dan. Esta es una de las fronteras del progreso humano. Por supuesto que algunas de las actividades que llevamos a cabo, al ser destructivas en sí mismas, hacen que esta tarea de convertir nuestro planeta en un entorno más seguro sea más complicado. Una cosa es cierta, antes de tener la tecnología y los recursos para adecuar otros planetas para albergar a nuestra especie, tendremos que desarrollar la tecnología y los recursos para convertir La Tierra en un lugar adecuado para poder vivir. Esa es la paradoja de nuestra supervivencia.
