Existen instituciones del gobierno diseñadas para atender los problemas y procurar el bienestar de la población. Estas instituciones operan dentro de canales cuyo rango de acción es normado. Es decir, proveen cierto servicio, bajo ciertas condiciones, a cierto grupo de personas. En esta forma general opera el Ministerio de Salud, la Caja de Seguro Social, el Ministerio de Educación, el Ministerio de Vivienda, el Sistema Nacional de Protección Civil, etc. Debido a que la mecánica de estas instituciones es estándar y tiene límites, no es difícil concebir que, ocasionalmente surjan casos especiales que escapen de su patrón normal de acción. Estos casos se presentan como excepciones a la regla y pueden demandar, de la sociedad en su conjunto, una dosis extra de solidaridad. Los casos pueden ser legítimamente apremiantes, incluso urgentes. Para ellos se necesita un canal especial.
Este rol lo cumple la Partida Discrecional de la Presidencia de la República. Por su naturaleza, los fondos que de ella salen se destinan en general a casos especiales, no a las situaciones comunes y generales. Un caso puede ser especial porque el servicio que se requiere no lo presta ninguna de las instituciones del estado, ninguna empresa local, o no se puede conseguir dentro de un tiempo corto, acorde con la premura particular.
Es un error pensar que este fondo debe utilizarse para corregir deficiencias de las instituciones cuya función es atender los casos generales. Su propósito es, precisamente, lo opuesto. Es el trabajo de cada institución corregir sus propias carencias y lograr que, paulatinamente, su alcance cubra más de los casos que requieren atención especial. La meta final de cada institución estatal, aun cuan inalcanzable, es hacer que la partida discrecional se vuelva obsoleta. Pretender que la partida discrecional se utilice para corregir los males endémicos de cada institución sirve precisamente, el propósito contrario.
Por otro lado, debido a que cada decisión que se toma respecto al uso estos fondos es discrecional, es casi seguro que generará críticas. Esto es normal y esperado. He revisado lo publicado en el nodo de transparencia respecto al uso de la partida en el primer trimestre del 2017. La lista denota una variedad de casos que, en general, cumplen con un criterio de necesidad especial, apremio, o asistencia social. Algunos casos me llamaron la atención, al punto de incitarme a cuestionar, pero estos fueron una reducida minoría.
El diccionario RAE define discrecional como:
1. adj. Que se hace libre y prudencialmente
2. adj. Dicho de una potestad gubernativa: Que afecta a las funciones de su competencia que no están regladas
Mientras nosotros, ciudadanos (al menos los amigos y colaboradores quienes he conversado sobre el tema), le damos gran valor a la partecita que dice “prudencialmente”; el presidente y sus ministros, a juzgar por sus respuestas en tv, parecen dar mayor valor a la parte de la definición que dice “Que se hace libremente”.
Algo debe quedar claro: Quienes estimen que el uso dado no fue prudente, o necesario, tienen todo el derecho a opinar y cuestionar. Sin duda, en muchos casos tendrán algo de razón. Prestar atención a estas críticas no tendrá otro resultado que mejorar la gestión. Que el Presidente indique que no tiene tiempo para críticas es un enfoque equivocado. El tiempo del Presidente debe ser para analizar y buscar forma de mejorar la gestión gubernamental. Escuchar críticas es parte fundamental de este ejercicio.
Prudencia debe ser la brújula que guía el criterio de asignación de fondos. En este respecto, justificar que los fondos asignados a un colegio en particular porque es el “Alma Mater”, es un ejemplo de una mala respuesta. Ese razonamiento justifica apoyar una causa particular porque es cercana al que decide. Bajo esta fórmula, igual se puede aducir que cualquier persona o entidad que goce del cariño de quien maneja los fondos es candidato a recibir apoyo. Como ciudadanos que aportamos en conjunto para que ese fondo exista, no podemos aceptar dicha mecánica.
El hecho que exista un nodo de transparencia, en el cual aparezcan los desembolsos es positivo. Espero que a futuro, los gobernantes entiendan el valor de explicar a fondo, mantener criterios basados en prudencia, escuchar y adoptar aquello valioso que la ciudadanía les retroalimenta mediante críticas.
Juan Amado
