El boxeo, al igual que cualquier otro deporte, es una fuente de entretenimiento para el fanático. Como actividad de entretenimiento, compite con otras por la audiencia televisiva o la preferencia del fanático que asiste al evento en persona. Claro está que las múltiples formas de entretenimiento que existen en el mundo, ya sean en las ramas de las artes o del deporte, hacen que esta competencia sea cada vez más dura. Por ende, para poder sobresalir, los espectáculos tienen que brindar al espectador una experiencia excepcional.
El 2 de mayo, el boxeo presentó su mejor oferta en esta competencia por audiencia. Con el mote “La pelea del siglo”, se mercadeó un evento que levantó una expectativa sin precedentes. Los elementos promocionales se conjugaron de manera especial. Dos boxeadores de extraordinaria carrera, extraordinario talento y extraordinarios logros, luego de media década de negociaciones frustradas, finalmente firmaron para enfrentarse. Ambos campeones en múltiples categorías, uno de ellos invicto. Los hábiles promotores supieron explotar todos los ángulos, el chico bueno vs el malo, el carismático vs el antipático, el mejor boxeador defensivo vs el mejor ofensivo, etc. Al final, al menos monetariamente hablando, los esfuerzos rindieron frutos. Ambos boxeadores cobraron una bolsa combinada de más de 300 millones de dólares, cifra que seguramente suba sustancialmente una vez se contabilicen los números de venta de pay-per-view. El evento superó en taquilla la recaudación del Superbowl. Por primera vez, se vendieron boletos para el pesaje ($10 a ser destinados a una organización de beneficencia), y no solo eso, se acabaron y se revendieron a precios superiores a los de funciones normales.
Ahora bien, una vez contados los dólares y centavos, ¿Qué queda para el fanático?
La respuesta a esta pregunta tiene varias aristas. Floyd Mayweather es una clase especial de boxeador, que ha sabido descifrar, dentro de las reglas del boxeo, la clave para permanecer invicto ante todos los retos que le han puesto. Esto toma una combinación de talento innato, disciplina, trabajo duro y una inteligencia aplicada que nunca antes se ha visto en el boxeo. Su estilo defensivo y escurridizo, es la definición perfecta de “pegar sin dejar que te peguen”. Filosofía que Floyd ha sabido poner en práctica en 48 combates en un lapso de 18 años. Para un porcentaje de fanáticos duros y conocedores del boxeo, esto es una atracción. Para otro porcentaje de ellos, no. Adicionalmente, para el fanático ocasional, o para quién por primera vez ve una función de boxeo, este ajedrez con guantes resulta relativamente aburrido. Estos últimos dos grupos constituyen la masa que puede hacer crecer el deporte o mudarse definitivamente a otra fuente de entretenimiento. El razonamiento en este caso es: “Si esto es lo mejor que el boxeo tiene que ofrecer, mejor no veo más boxeo”.
Irónicamente, Floyd, quien aspira a ser catalogado como uno de los mejores de todos los tiempos, es probablemente el peor embajador del deporte; no solo por su estilo aburrido (aun cuando detrás de ese estilo se esconda un dominio maestro del oficio), si no también por su comportamiento fuera del ring. Su actitud arrogante, su interés desmesurado por el dinero y más preocupante, sus acusaciones de casos de violencia doméstica (uno de los cuales le valió dos meses de prisión) hacen de él un pésimo exponente de los valores de un deportista.
Es innegable que su estilo boxístico es el resultado de una técnica depurada, y de una disciplina de trabajo rigurosa. No hay discusión en cuanto a que, en la faena del boxeo, y a raíz de estos elementos, no exista nadie actualmente que se lo pueda ganar. Sin embargo eso no es suficiente para ser considerado grande entre los grandes. Joe Calzaghe, Ricardo López, Sven Ottke, Edwin Valero, y varios otros campeones mundiales se retiraron invictos. Sin duda fueron muy buenos, pero no serán mencionados entre los mejores de todos los tiempos. Para ocupar este sitial, hace falta mucho más que eso. Todos los grandes perdieron y se levantaron, todos los grandes son embajadores mundiales del boxeo, todos los grandes tomaron el riesgo de salir de su zona de confort y hacer el gasto por su público. El miedo a perder es una de las anclas de Mayweather.
Es aquí donde dibujo la línea entre lo que le hace bien al deporte y lo que le diluye. A mi juicio, el record invicto de Floyd es mejor para él, que para el boxeo en general. Su estilo boxístico nos cuesta fanáticos, y su ejemplo de vida manda un mensaje equivocado a muchos jóvenes cuyo criterio es fácilmente impresionado por el estilo de vida opulento y superficial. Cuando una figura quiere trascender, tiene que añadir valor, mucho más allá de lo que un record invicto puede aportar.
Juan Amado

Excelente!
Saludos desde La Patagonia Argentina.