Sostengo que nuestro gobierno es, en general, un muestreo, más o menos representativo de nuestra sociedad. De esta idea, deduzco que cambiando el sistema actual, vía una constituyente o cualquier otro método, la probabilidad que el desempeño del gobierno mejore sustancialmente es muy pequeña. Nuestra única herramienta viable para crecer como nación es educación. El camino es largo y se recorre con pasos pequeños en la dirección correcta. Esta educación a la cual me refiero, es mucho más que un ejercicio académico. Es un compromiso, que tienen que asumir primero nuestros líderes políticos, empresariales, profesionales, cívicos, religiosos, y cabezas de familia. Debemos inculcar valores, cultura ciudadana, pensamiento crítico, y dar igual peso a la educación académica, que a las artes, y al deporte.
Es cierto que un sistema democrático se puede modificar para incentivar la participación de los mejores; cosa que ahora no ocurre. Pero, aun cuando este fuese el caso, y lográsemos hacerlo con el más brillante de los esquemas, dicho sistema se encontraría, más temprano que tarde, con dos dificultades insuperables.
La primera es que los “mejores” son, por definición, una minoría. Por tanto, no tardaría en agotarse la mina de ciudadanos sobresalientes, y caeríamos sin duda, nuevamente, en un gobierno operado por ciudadanos promedio. Con sus virtudes, y defectos, el nivel de la sociedad eventualmente se verá reflejado en el gobierno. Esto es inevitable.
La segunda y más crítica, a mi juicio, es que un gobierno conformado por ciudadanos “elite” sería percibido por las masas como un ente no representativo de sus intereses, ideales, nivel de vida, costumbres o problemas. No en vano el dicho: Cada país tiene el gobierno que se merece, o que se le parece.
Uno de los principales efectos secundarios de esta era (era de la información), es que, debido a la velocidad con que todo sucede, estamos matriculados con la idea que todo tiene una solución rápida. En este tema, si embargo, no la hay. Si queremos un mejor país, requerimos esfuerzo continuo, disciplina y visión a largo plazo y por supuesto, la colaboración de todos.
