La libertad de expresión es un derecho fundamental.
Acuñándonos en él, es posible presentar fotografías de cadáveres en las portadas y posters de mujeres desnudas la página central de los diarios. Titulares denigrantes están igualmente amparados y, para no limitarnos en variedad ni cantidad, también lo está el transmitir videos semi-pornográficos de funcionarios (nacionales o extranjeros) en los noticieros. Entiendo que la información tiene importancia. Sin embargo, nunca he podido ponderar el valor real de ilustrar la información con imágenes, videos o sonidos que al final parecen solo apelar al morbo. Titulares alarmistas en letras grandes, sangre, y cuerpos desnudos no son necesarios para transmitir la información.
Justificando ese hecho, escucho comúnmente este argumento: Los medios tienen que transmitir lo que la gente quiere ver, de otra forma se cae el rating. Sin rating, a su vez, los medios verían limitada su capacidad de generar ingresos. Esto es obvio.
Obvio debería resultar también que los medios operan sirviendo a un público que ha sido educado, por ellos mismos, para recibir la información que ellos facilitan. Es decir, aquel que es amante de la cultura y el respeto, no busca ilustrarse con los tabloides amarillistas, en la misma forma que el que busca medicamentos no acude a la ferretería, o el vegetariano no cena normalmente en una parrillada.
Siempre me pregunto: ¿Qué tal si en vez de darle a la gente lo que la gente quiere, les dan un poco más de lo que realmente necesitan? He aquí un potencial enorme para influenciar a la sociedad, ¡Para bien!
Poco es el esfuerzo que se percibe por parte de medios de comunicación y periodistas en general por presentar información en forma veraz, y con respeto a la dignidad del ser humano, incluyendo a las familias de los afectados. La motivación principal tras la libertad de expresión es generar el debate de ideas, y permitir a todos los interesados, el acceso a la información que consideren relevante en forma oportuna. Por esto, siempre seré un defensor de la misma.
Lástima que hay quienes destruyen reputaciones, actúan con mal juicio, y dan pésimos ejemplos, mientras disfrazan estas acciones con la máscara de libertad de expresión, cuando en realidad su motivación es la búsqueda desmesurada del rating.
Juan Amado
