Algunos sentimos un llamado permanente a colaborar con el encauce de la sociedad y el progreso del país. En otras palabras, nos gusta meter nuestra cuchareta por que pensamos que podemos ayudar, y queremos hacerlo. Sin duda, una de las tribunas que primero viene a la mente con relación a esta tarea es la política. La frase: “Si queremos que las cosas cambien, tenemos que involucrarnos en política” es una de las más recurrentes que percibimos en las redes sociales, y con justa razón. No obstante, existen varios motivos por los cuales muchos optamos por trabajar desde otras trincheras. Uno, es que sentimos que nuestros talentos, cuan prodigiosos o limitados sean, yacen en otras áreas. Otro, quizás el más persuasivo, es que el nivel de conducta ética y debate de ideas en el mundo político actual es muy bajo. Tan bajo, que considerar el enorme costo personal, familiar y profesional, que ha uno de sufragar para florecer en este campo es simplemente desalentador.
Esto tiene varias implicaciones. Por un lado; la camada actual de políticos clientelistas y demagogos pulula el área imperturbable. Esto resulta afortunado para ellos, pero no para el país. Por otro lado, y afortunadamente para el resto, hay una gran mayoría de gente correcta que, mediante su aporte y ejemplo diario, ejerce contrapeso a la balanza. Maestros, empresarios, amas de casa, jóvenes, y adultos en general juegan un rol permanente y fundamental en la sociedad.
Encuentro amplia disparidad entre mi propio ideal de una conducta política adecuada y la cruda realidad cotidiana. Concluyo así, que si decidiese participar activamente en política, ya fuese lanzándome para un puesto de elección, o apoyando directamente alguna campaña, esta sería, sin lugar a dudas, la peor de todos los tiempos.
Promesas, promesas…
En Panamá, las campañas políticas empiezan el día siguiente a las elecciones. Su duración normal es de cinco años. Muchas (por no decir todas) de estas, con que nos bombardean a diario, se basan en promesas. Estribillos como “cero corrupción”, “bajar la canasta básica”, “subir el salario mínimo”, “más seguridad”, “100% agua potable”, “bajar la luz”, y otros por el estilo son el coro de una canción que surte un efecto hipnótico sobre las masas. La idea es convencer al elector que, sin ningún esfuerzo de su parte, todo va a cambiar para mejor y sus problemas desaparecerán como por arte de magia. Esto cala bien en una mayoría que a través de muchos ciclos de paternalismo sistemático ha sido convencida que no está en sus manos procurarse una mejor situación. Ambas nociones son falsas. Ni los problemas desaparecerán por arte de magia. Ni las soluciones a los problemas están en otro lugar que en las manos y voluntad de quienes los padecen. En mi concepto, un campaña honesta, debería empezar con: “¡Les prometo que van a tener que trabajar duro para salir adelante!” –¡Cero votos!
Calificaciones y descalificaciones
Otra característica invariable, tanto en campaña, como en la vida política quinquenal, es el intercambio constante de epítetos y vilipendios. Es tácito, que esto no aporta nada a mejorar la condición del país, en ningún frente. Creo que todo el mundo lo sabe. Sin embargo, tanto políticos de oposición como de gobierno, insisten en tildarse mutuamente de corruptos, ladrones, vagos, burros, mujeriegos o cualquier otro calificativo que por tema de moda sea pegajoso. La estrategia es lastimar la reputación del oponente. El debate prevalente es aquel que trata las actuaciones personales; incluso las íntimas, como si fuesen temas de estado. Irónicamente, esto resulta positivo para los políticos tradicionales puesto que los sondeos de opinión indican que la masa favorece la confrontación. También es buena noticia para los medios, que aprovechan cada ola de diatriba o controversia como herramienta de mercadeo. En otras palabras, el barrio de trifulca, vende. A mi juicio, es perfectamente posible hacer una campaña, o un gobierno, sin tener que referirse a ninguna persona en particular. Aún así, si fuese necesario calificar a alguien, por que no utilizar el elogio. En un campaña decente, no hay lugar para la descalificación. –¡Buuu, que aburrido!
Ponderación y criterio
Parece ser que en política, evaluar positivamente lo que el adversario o antecesor ha hecho es pecado. Para el gobierno de turno, nada de lo que hicieron los gobiernos anteriores estuvo bien, ni merece elogio. Para la oposición, cada nuevo proyecto o medida a tomar esconde un intento de corrupción. En el más benévolo de los casos, es inconsulta o inconveniente para el país. Para la oposición, el gobierno siempre es autoritario. Para el gobierno, los de la oposición son unos vagos. La verdad es que algunas veces, ambos son ambas.
La realidad histórica indica que muchas de las medidas y proyectos que cada gobierno toma, aun cuando les cause alergia aceptarlo, lo hace dando continuidad a algún plan o iniciativa del anterior. En contraste, es común ver a la oposición criticar una medida, y luego adoptada en el periodo siguiente al estar en gobierno. En mi opinión, esta negación de aquello que es obviamente positivo, refleja falta de criterio. Si el enfoque es servir, no hay mejor estrategia que reconocer lo bueno y abonar el terreno para que produzca los mejores frutos posibles. Dar el justo crédito a quien lo merece no solo es señal de madurez política, si no que sienta las bases para colaboración de la cual todos nos beneficiamos. En un campaña sensata, es imprescindible analizar y ponderar apropiadamente todo lo propuesto, implementado, o logrado tanto por antecesores, como por adversarios. ¿Por qué perder el tiempo empezando de cero cada vez, cuando podemos aprovechar los avances de otros?. –¡Cero votos!
Los medios
Los medios son empresas especiales. Su trabajo es servir de ojos y oídos a todos y brindar la información sobre los acontecimientos que nos afectan, en una forma resumida y completa. Su rol de informar tiene tanto impacto sobre la sociedad como cualquiera de los tres órganos del estado (¡y cuidao que más!). Como empresas, deben además rendir utilidad económica a sus accionistas. Esto complica el asunto.
La tendencia de la mayoría de los medios de comunicación social en nuestro país es vender contenido negativo. La noticia mala es reina en portadas y titulares. No es que todo lo que esté pasando sea malo, es que sistemáticamente se busca lo malo para reportarlo, por que aparentemente decir que todo anda bien, pues, es aburrido. Esto trae como consecuencia que se dé más cobertura a aquellas conductas que queremos evitar que a aquellas que deben imitarse. Adicionalmente, este reportar selectivo de lo negativo se ve a veces, aún más sesgado cuando existen intereses por opacar o favorecer a un individuo, grupo, o tendencia particular. Esta realidad exige que la población interprete lo que lee en diarios, escucha en la radio, o ve en televisión con un criterio maduro. Tristemente, dicha madurez viene de la mano con educación y cultura, que en estos días también escasea. -¡Cero tiempo aire!
Valores y antivalores -¡No, el fin no justifica los medios!
Valores es otra forma de llamar a los comportamientos que consideramos aceptables o deseados en camino a lograr nuestros objetivos. Algunos basan su escala de valores en códigos éticos de alguna religión en particular. Este puede ser un punto de partida válido, pero no es el único. En política, sin embargo y muy a nuestro pesar, muchas veces nos encontramos preguntándonos ya sea tácita o literalmente, cosas como: ¿En qué estará esta persona basando su escala de valores?, ¿Tiene esta persona alguna escala de valores?, o inclusive, ¿Es esto una persona?
Parte del ADN de los valores es la sostenibilidad. Preguntas como: ¿Es sostenible el comportamiento que propongo? ¿Si todos lo hiciésemos así, estaríamos encaminados al desarrollo o al caos? ¿Apadrino esta conducta para mi hijo, mi abuelita, el vecino, el competidor, o el desconocido?, son válidas y debemos hacérnoslas rutinariamente para determinar si un comportamiento es conducente o no. Adicionalmente, a veces, es más importante cómo logramos la meta, que la meta misma. Una campaña responsable tiene que poner el actuar correctamente como primer punto, aun cuando en ciertas ocasiones resulte más difícil lograr el cometido. -¡Cero votos!
Subsidios
Los subsidios son una forma de engaño. El subsidio de servicios como energía, gas, combustible, agua y medicina fomenta su consumo, no su ahorro. Iríamos en un rumbo mucho más sano si todos tuviésemos que pagar el justo valor de las cosas. Esto promovería un uso juicioso. Una campaña basada en subsidios es llanamente una campaña basada en engaños. -¡Cero Votos!
Ins-ti-tu-cio-na-li-dad
Esta palabra, tan difícil de pronunciar, significa respetar las reglas y mecanismos creados para normar, mediar y resolver las situaciones que comúnmente se presentan en la vida de los ciudadanos. Cada institución tiene un rol, y respetándolo, se logra una colaboración armónica. Ninguna institución del estado fue creada para regalar pavos, techos, ni mucho menos dinero. Estas no son funciones del estado. Estas no son, en realidad, funciones de nadie. No es función del canal resolver el problema del agua potable, para eso está el IDAAN, y debe ser auto-suficiente. No es función del presidente perseguir ladrones, para eso está el ministerio público y debe ser diligente en su tarea. Es importante que los que ocupan cargos en el engranaje gubernamental cumplan con los requisitos que la ley dispone para cada caso particular. Las instituciones tienen un propósito y un marco de acción. Al actuar al margen de este, se debilita la confianza ciudadana en un esquema de operación justo. Nada es peor para el desarrollo del país, que la percepción de selectividad o favoritismo en la aplicación de las reglas.
Metas
Para mi, meta es una mejor palabra que promesa, de alguna forma infiere autoayuda o autogestión. Sin metas es imposible trazar un rumbo o tomar acciones consistentes en la dirección deseada. En campaña, favorezco como meta, educar a la gente para que sepan más sobre cuidar su salud, medioambiente y dinero, y sacar provecho de las oportunidades que están a su alrededor, sin hacer trampa, obviamente. Esto sentaría las bases para el desarrollo.
Ejemplo
Nadie se escapa del ejemplo. Bueno o malo, nuestro comportamiento va siempre dejando pistas sobre nosotros y educando a otros. Al vernos actuar, unos optarán por imitarnos y otros por no repetir nuestros pasos. Esto dependerá exclusivamente del criterio de cada quien. El ejemplo es pegajoso y no hay forma de evitarlo. En casa, en el trabajo, en las redes sociales, en la vida pública, el ejemplo hace el bien o el daño.
Aunque la inmensa mayoría es decente, el daño que hacen unos pocos con poder es intenso. Por tanto, a veces se hace necesario meterle más empeño a nuestra labor ciudadana. Intervenir en política no es la única forma de colaborar; ni la mejor, para quienes no tenemos esos talentos. Ser ciudadanos despiertos, atentos e involucrados es indispensable.
Juan Amado

Mi estimado Juan José,
Has sido certero en cada planteamiento expuesto y de hecho, me ahorraste el manda’o porque pensaba escribir algo similar en mi blog. Te felicito por tu intelecto tan claro, balanceado, profundamente analítico, empático y sobrio.
Como te decía previamente en Twitter, mi palabra favorita después de leer tu artículo será “Imperturbable”. Todo me gustó, absolutamente todo… pero siendo más franca contigo te comparto lo que más me gustó:
1. El político que predique que “les prometo que vamos a tener que trabajar duro” y…
2. Utilizar la palabra Meta en lugar de Promesa.
Todo tu artículo abre un debate interminable sobre el doble estándar que manejan los medios de comunicación versus nuestra misión de vida en base a nuestro comportamiento cotidiano.
Mis sinceras felicitaciones!
Tita
No se si por casualidad o causalidad, pero escribí este tuit esta mañana:
P.: ¿por qué la gente buena no se mete en política?
R.: sí lo hacen. Lo que pasa es que sus ideas no son populistas y no sirven (no ganan).
Personalmente me he decepcionado de la política, particularmente en estos últimos meses, y a veces pienso en renunciar a mi partido y seguir siendo una simple espectadora, pero luego pienso en que probablemente tenga hijos y no quiero entregarles un país en el que yo les tenga que decir: “vi eso pasar, y no hice nada. Sueño con una política libre de escándalos de corrupción (impunes), de pinchazos, amenazas, insultos, etc.
Como ves Frankie, en el escrito traté de abordar ambos temas. En el primero “¿Por qué no participar en política?” en resumen son dos las razones: Una es que quizás no tenemos los talentos para servir en ese campo y la otra (coyuntural), que el entorno está muy depreciado.
El segundo tema fundamental es que sí podemos, y debemos, hacernos sentir desde nuestro propio círculo de influencia. Al final el entorno político nos está mostrando un vistazo del promedio del entorno del país. Así que, hace sentido pensar, que si trabajamos en mejorar el entorno del país, estaremos también mejorando el político.
Reblogueó esto en Pedaço de Ceuy comentado:
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Juan no tengo palabras para felicitarte por este escrito que deberia publicarse en algun medio donde mas personas lo pueden leer y analizar. Estoy de acuerdo con TODO lo que dices, pero sobre todo, en que cada uno, con nuestro ejemplo, podemos hacer la diferencia, ya sea en politica o en el diario vivir de cada persona, ya sean jovenes o adultos. Entiendo asi mismo tu falta de interes de involucrarte en la politica en estos momentos, porque todo parece perdido. Yo veo esperanza en los jovenes que hoy, se atreven. Hay que darles un voto de confianza. Por mientras, como dices, dedicarnos, con nuestros mas altos valores, a convertir a Panama en el pais que queremos para nuestros hijos y nietos. Un fuerte abrazo
Muy buen escrito, claro y directo, sacadas del buen sentir y la sana convicción que la política debe renovarse. Juan, debe un nuevo linaje, no de los escogidos por popularidad sino de los panameños capaces intelectual y eticamente abordar la politica en acción y no solo en letras. Espero cambies de parecer y verte en la política activa como modelo ciudadano.
No me deja de sorprender – y no me deja de aterrar – el deterioro, la devaluación del debate político.
Mas, en la medida que nos involucremos, cada uno en su “parcela”, con su aporte, podemos hacer el contrapesa.
Concuerdo con el señor Tatis que estas son reflexiones profundas y muy completas.
Saludos,
Edilberto
muy buena su reflexión, vale la pena compartirla, porque como ud, somos más los que no deseamos que la política insana en la que vivimos desde hace una década, en nuestro bello y noble país, nos siga intoxicando y enfermando. Gracias por atreverse a SER LIBRE de expresión.
Excelente ensayo, merece una profunda reflexión y sobre iniciar un cambio de actitud.
Salidos.