La Loma de Mama Luisa

Aquella perspectiva, loma arriba, desde el centro del camino que lleva a la casa de mi abuela, es una de esas fotos mentales de la infancia, que nunca me abandona. Esa imagen evoca varios sentimientos. La emoción de visitar a mis abuelos para disfrutar alguna golosina (usualmente guineos o galletas), la valentía de arrastrar mi bicicleta cuesta arriba buscando desafiar la gravedad en la bajada, y esa sensación de total y absoluta pequeñez que, como niño, experimentaba al contemplar desde abajo, la loma de Mama Luisa.

Con los avances de la ciencia, la mejor nutrición, medicamentos, exámenes, procedimientos, y demás, hemos visto cómo se va incrementando el promedio de vida de la humanidad. Afortunadamente, para nosotros, eso significa que podemos acompañar a Mama Luisa a cruzar el hermoso portal de los cien años. Sin embargo, hoy celebramos algo mucho más importante que la salud y la vida de una persona longeva; algo que ni la ciencia, ni los recursos materiales saben darnos, ni explicar. No sólo damos gracias por la presencia física de nuestra querida Mama Luisa, si no por el privilegio que ha sido crecer a su sombra y aprender de su ejemplo. Una vida consagrada a servir. Cien años de una vida digna. Un siglo de bondad.

Hoy, siendo ya un hombre, miro a mi abuelita de cien años, y veo una persona que se respeta a sí misma; que tuvo una vida plena de pareja con Papa Pungo; que tiene un profundo amor por su familia, demostrado con acciones; que dedica su tiempo y energías ayudando a los demás, sean conocidos o extraños; que, a pesar de su acento gringo, quiere a esta tierra a la que ha llamado hogar por tres cuartos de siglo, y que es tan panameña como la pollera. Veo en ella todas estas cualidades que para mi son ejemplo y recuerdo cómo me sentía cuando de pequeño miraba maravillado la enorme loma cuesta arriba. Ahora entiendo, esta es la loma de Mama Luisa. Es el camino que ella nos ha enseñado, que agradezco y celebro. Ahora sé que más vale que sea valiente, como cuando subía con mi bicicleta. Ahora sé, que más vale que afronte la vida con asombro como cuando me internaba a descubrir los secretos de los jardines. Ahora sé, que más vale que me mantenga humilde, por que solo sirviendo a mis semejantes tendrá sentido este camino.

Gracias Mama Luisa, un abrazo,

Juancho

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